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Capitulo 1

ORÍGENES DE COMIC

Si nos ponemos estrictos y pensamos en el cómic como una secuencia de imágenes que cuentan una historia, entonces el origen del cómic o historieta se remontaría a la prehistoria, cuando los primeros habitantes representaban sus escenas de caza en las paredes de las cavernas.

Hay cierta discusión con este origen de la historia del cómic, pues algunos expertos, afirman que estos dibujos junto con las ilustraciones en los papiros del antiguo Egipto, los grabados en vasijas griegas, frescos en el imperio romano y las pinturas y manuscritos medievales, no deberían considerarse como historietas. Mientras hay otros que sí consideran estas ilustraciones como precursores o antecedentes del cómic moderno.

Hablaré de su origen y de su evolución, de sus crisis y edades doradas y, me centrare en algunos autores y sus obras más significativas. Según especialistas como “Pedro porce”l y “David Kunzle”, la historia del cómic empieza con la introducción de la imprenta. Es en Francia, del siglo XIX, donde encontramos el más cercano antecedente de la historia del cómic con las Aucas y Aleluyas. Estas publicaciones, se originaron en el siglo XVI, pero alcanzaron su esplendor en 1820. Se caracterizaron por narrar acontecimientos de diversa índole mediante ilustraciones. Sin embargo, los textos no se encontraban dentro de los dibujos, sino al pie de las imágenes como forma de explicación.

Ya en el siglo XVIII, humoristas ingleses inventaron el globo de diálogo con el fin de agregarle textos a sus caricaturas. Mayormente estas viñetas se enfocaban en la sátira política. Así tenemos que el cómic o historieta en sus primeros pasos sirvió como instrumento de burla hacia los gobernantes de la época. Entre los principales pioneros de este humor gráfico y políticos tenemos a Nordquist, Bilderdijk, Thomas Rowlandson, William Chacón y George Cruikshank. Claro y sin olvidar al que muchos expertos consideran el padre de la historieta, el franco-suizo Rodolphe Töpffer.

El CÓMIC: Tiene orígenes difusos, y depende bastante de la concepción del mismo para poder fijar un comienzo. En nuestro caso, fijaremos un origen atendiendo a la definición de McCloud (2003), quien define el cómic como: “Una representación Icónica de la realidad con una consecución lógica” Acordes a esta definición el origen del cómic se puede situar hace muchos siglos. Ya incluso los antiguos jeroglíficos egipcios atienden a la definición de McCloud. Acorde con la definición de McCloud, los jeroglíficos egipcios pueden suponer un antecedente muy relevante del cómic, ya que es una representación icónica de la realidad.

Supuestamente el Comic nace y se desarrolla al mismo tiempo que el periodismo durante el siglo XIX, al compás de la época de oro del capitalismo industrial. Comenzaron a adoptar sus principales características en 1895, el mismo año en el que comienzan a desarrollarse las técnicas cinematográficas (un año antes del invento de la radio). EE. UU era el principal centro mundial de producción e innovación en el terreno del comic.

En este contexto hay que situar al gran magnate de prensa estadounidense, Joseph Pulitzer, propietario del New York World, el cual contaba con dibujantes que trabajaban en el suplemento dominical de su periódico, como Richard Felton Outcaultómic, que realizó las viñetas de Yelow Kid, este autor creo en realidad los primeros cómics dónde se combinaban imágenes con la integración de diálogos en los bocadillos.  Según R. Gubern: sitúan al cómic como “un lenguaje totalmente original”, mientras que otros diarios competentes son los de la cadena Hearst.

Por lo visto, William Randolph Hearst era propietario del periódico “New York american” y de una cadena de más de cuarenta diarios y revistas. Un aspecto interesante de estos cómics iníciales es que, aun cambiando el dibujante, se mantenían los dibujos y las tiras en los periódicos.

Crumb (60’S), en EEUU, afirma que “una etapa del cómic empieza a abordar temas prohibidos y se realizan tratamientos experimentales, Con la hegemonía de la televisión se flexibiliza la censura en el cómic.” Surgen nuevas editoriales y revistas que, recogían otras formas de expresión underground, destinadas a estratos minoritarios y marginales. Un ejemplo es el de Robert Crumb, del que destaca su cómic, “Fritz the cat”, de grafismo feísta y critica ácida.

En la evolución del cómic periodístico surge la tira cómica diaria o Daily strip, gracias al dibujante deportivo Bud Fischer, que creó a una pareja de antihéroes llamada, “Mutt and Jeff”. (Las primeras tiras cómicas eran diarias y en blanco y negro).  Winsor McCay, dibujante de strips.

Este dibujante fue un verdadero innovador de la historieta, tanto por su audacia en el encuadre y la utilización de diferentes planos como por la belleza de sus dibujos. Esta considerado un clásico del cómic de prensa.

También fue un pionero de los dibujos animados como demuestra su cómic:”Gertie, the trainer dinosaur”, y la creación del cómic “Littele Nemo”, que relata el mundo onírico de un niño a través de una estética modernista de influencias del Art Deco.

Surge la codificación de géneros temáticos y la especialización. Surgieron así las primeras agencias que se encargaron de vender el material dentro y fuera de EE.UU. Por aquel entonces surgen personajes tan entrañables como Betty Boop.

También a influencias literarias, hay que atribuir los cómics de ciencia ficción y de novela como el cómic de Dick Calkins” Bulck Roger” y El Coyote.

El cómic de época aventurera de carácter policial, surge con la época de los a gánster en los EEUU, con el afamado cómic “Dick Tracy”, de Chester Gould.

El artista es creador de belleza. Revelar el arte y ocultar al artista es la meta del arte. El crítico es quien puede traducir de manera distinta o con nuevos materiales su impresión de la belleza.

Concepto del CÓMIC

El cómic es considerado un mass-media, es decir un medio de comunicación que se produce para llegar a grandes masas de población, pero su carácter comunicativo e ilustrativo no llega a alcanzar a los niveles de otros” media”, como la televisión o internet.

Se trata de una expresión artística que integra tanto texto como imágenes secuencializadas, empleando particulares recursos de carácter icónico, narrativo y literario y configurando un código específico.

Si tuviéramos que definir a este género podríamos decir que se trata de una “expresión artística” que integra tanto texto como imágenes secuencializadas, empleando particulares recursos de carácter icónico, narrativo y literario y configurando un código específico. Como buena parte de los medios icónicos, la imagen se apoya en el texto y se ha convertido en un lenguaje singular dotado de leyes propias.

A mediados de los años ’30 surgen pequeñas compañías como All Star Cómics, Action Cómics, o Detective Comics. Las historias comienzan a subir de calidad. Los escritores y dibujantes adquieren un estilo característico del cómic al que ahora se le llama «americano».

Surgen historias de detectives, científicos y personajes más atractivos, y con habilidades superiores a las humanas, siempre salvando al planeta o a su comunidad de una catástrofe mayor.

La auténtica edad de oro del cómic tuvo lugar a mediados del siglo XX, cuando proliferan las tiras diarias en la prensa, los comic books y los superhéroes. Es en ese momento cuando el cómic experimenta una rápida expansión internacional, diversificándose ampliamente el género. En la actualidad disponemos de un riquísimo fondo de cómics, historietas, novelas gráficas o manga, que son una muestra de la gran versatilidad del género.

La industria cultural y el CÓMIC

La obra del comic como producto de la industria cultural, se convierte en la resultante de una multiplicidad de fuerzas que, por un lado, rescata los temas que se llevarán a la tinta y, por otro, responde a las inquietudes de una era.

Los bienes producidos por esta industria se diseñan y se manufacturan de acuerdo con los objetivos de la acumulación capitalista y de la ganancia de utilidades.
En los nuevos imaginarios colectivos, los mitos propuestos por la industria editorial de grandes masas, la estadounidense y las japonesas, (que por lo demás son las que más fácilmente llegan hasta nuestro país), son a la vez parte de la modernidad que recrea las posibilidades de ampliación del sujeto en la libertad, pero también son contemporáneas de la mitología antigua.

Así, el ser humano contemporáneo reconstruye, a través de los medios de comunicación, mitos que no únicamente le permiten diseñar nuevos imaginarios que explican mejor su entorno, sino que también lo han convertido en esclavo.

Las sociedades que crean y se recrean con estos mitos, acaban siendo de alguna manera dominadas por ellos, ya que el mito se constituye en sí mismo en una de las tantas explicaciones dominantes del todo social. La industria contemporánea y global del cómic no es sólo el mejor ejemplo de la institucionalidad de los imaginarios colectivos que trascienden las fronteras, sino también un ejemplo virtuoso para la edificación de los objetos y la actualización de los mitos. Nuevas filas de lectores se encuentran siempre ansiosas de recibir al mito recreado.

En este caso, los nuevos héroes mitológicos son producto de la imaginación de creadores de superiores, escritores de cómics y de los diseñadores.
En el mundo de la globalización los cómic books americanos han sustituido a los viejos cómic de aventuras y difundidas de la cultura de los dos primeros tercios del siglo XX. Mientras que los superhéroes americanos han dejado de lado, arrinconados, a los héroes locales e incluso a mitos de papel de la envergadura Flash Gordon, Tarzan, etc.

Ahora, tras la decadencia de aquellos personajes y aquellas publicaciones, los cómic books de superhéroes básicamente los de Marvel, DC Comics, Dark Horse, Top Cow, Image y algunos más se han hecho dueños de los mercados internacionales y han impuesto una medida única a la cultura de masas de todos los países. Hoy, los protagonistas de ese cómic popular, Superman o Spiderman, Batman o los X-Men, se publican al mismo tiempo, tras su primera edición norteamericana, en todo el mundo.

Historia del CÓMIC

INTRODUCCIÓN

El cómic o historieta es considerado un producto cultural de la modernidad industrial y política occidental que surgió en paralelo a la evolución de la prensa como primer medio de comunicación de masas. Pero su punto de partida se encuentra entre la aparición de la imprenta, en 1446, y de la litografía, en 1789.

Hacia finales del siglo XIX tanto en Europa como en Estados Unidos, los periódicos recurrían a diferentes incentivos con el fin de atraer el mayor número de lectores y, por consiguiente, controlar el mercado.

La modernización de los sistemas de impresión en Estados Unidos permitió que a partir de 1893 se incluyera una página en color en los suplementos dominicales. Las series germinales fueron Hogan’s Alley (1895) de Outcault, protagonizada por The Yellow KidThe Katzenjammer Kids (1897) de Rudolph Dirks, y Happy Hooligan (1899) de Frederick Burr Opper. Fueron éstas las que sentaron las bases del cómic actual, con las secuencias de imágenes consecutivas para articular un relato, la permanencia de uno o más personajes a lo largo de la serie y la integración del texto en la imagen, con los globos de dialogo.

Es bien sabido que los grandes malvados no pueden matar poco, no han de ser viles raterillos a los que se les escapa una bala y liquidan al transeúnte de turno, para eso ya está la policía y no merece la pena hacer un cómic de policías en el mundo de los superhéroes.

Otros que tampoco acaban triunfando en el inconsciente colectivo son los que utilizan una maldad sin límites al estilo de Galactus, que se merienda planetas enteros sin tener ningún tipo de remordimientos, esto los hace inhumanos, y de difícil aceptación para el lector que nunca llegará a creer tanta maldad.

Las grandes editoriales de cómics de superhéroes siempre lo han tenido claro, el mal ha de tener cara de nazi, ha de lucir su simbología y predicar su credo de totalitaria dominación haría del mundo, esto le hará más creíble y a la vez también mucho más temible.

Sin lugar a dudas, durante la Segunda Guerra Mundial estos personajes jugaron no sólo el importante papel propagandístico que comentaba antes, sino también una intrínseca empatía con quien leía el capítulo de la semana, lo que llevó a los editores a sacarle aún mayor tajada al asunto una vez acabada la guerra, de manera que los enemigos del pueblo americano no eran solamente los malvados comunistas sino el enemigo nazi.

Hogan’s Alley (1895) de Outcault, protagonizada por The Yellow Kid

The Katzenjammer Kids (1897) de Rudolph Dirks,

Happy Hooligan (1899) de Frederick Burr Opper.