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Concepto del CÓMIC

El cómic es considerado un mass-media, es decir un medio de comunicación que se produce para llegar a grandes masas de población, pero su carácter comunicativo e ilustrativo no llega a alcanzar a los niveles de otros” media”, como la televisión o internet.

Se trata de una expresión artística que integra tanto texto como imágenes secuencializadas, empleando particulares recursos de carácter icónico, narrativo y literario y configurando un código específico.

Si tuviéramos que definir a este género podríamos decir que se trata de una “expresión artística” que integra tanto texto como imágenes secuencializadas, empleando particulares recursos de carácter icónico, narrativo y literario y configurando un código específico. Como buena parte de los medios icónicos, la imagen se apoya en el texto y se ha convertido en un lenguaje singular dotado de leyes propias.

A mediados de los años ’30 surgen pequeñas compañías como All Star Cómics, Action Cómics, o Detective Comics. Las historias comienzan a subir de calidad. Los escritores y dibujantes adquieren un estilo característico del cómic al que ahora se le llama «americano».

Surgen historias de detectives, científicos y personajes más atractivos, y con habilidades superiores a las humanas, siempre salvando al planeta o a su comunidad de una catástrofe mayor.

La auténtica edad de oro del cómic tuvo lugar a mediados del siglo XX, cuando proliferan las tiras diarias en la prensa, los comic books y los superhéroes. Es en ese momento cuando el cómic experimenta una rápida expansión internacional, diversificándose ampliamente el género. En la actualidad disponemos de un riquísimo fondo de cómics, historietas, novelas gráficas o manga, que son una muestra de la gran versatilidad del género.

La industria cultural y el CÓMIC

La obra del comic como producto de la industria cultural, se convierte en la resultante de una multiplicidad de fuerzas que, por un lado, rescata los temas que se llevarán a la tinta y, por otro, responde a las inquietudes de una era.

Los bienes producidos por esta industria se diseñan y se manufacturan de acuerdo con los objetivos de la acumulación capitalista y de la ganancia de utilidades.
En los nuevos imaginarios colectivos, los mitos propuestos por la industria editorial de grandes masas, la estadounidense y las japonesas, (que por lo demás son las que más fácilmente llegan hasta nuestro país), son a la vez parte de la modernidad que recrea las posibilidades de ampliación del sujeto en la libertad, pero también son contemporáneas de la mitología antigua.

Así, el ser humano contemporáneo reconstruye, a través de los medios de comunicación, mitos que no únicamente le permiten diseñar nuevos imaginarios que explican mejor su entorno, sino que también lo han convertido en esclavo.

Las sociedades que crean y se recrean con estos mitos, acaban siendo de alguna manera dominadas por ellos, ya que el mito se constituye en sí mismo en una de las tantas explicaciones dominantes del todo social. La industria contemporánea y global del cómic no es sólo el mejor ejemplo de la institucionalidad de los imaginarios colectivos que trascienden las fronteras, sino también un ejemplo virtuoso para la edificación de los objetos y la actualización de los mitos. Nuevas filas de lectores se encuentran siempre ansiosas de recibir al mito recreado.

En este caso, los nuevos héroes mitológicos son producto de la imaginación de creadores de superiores, escritores de cómics y de los diseñadores.
En el mundo de la globalización los cómic books americanos han sustituido a los viejos cómic de aventuras y difundidas de la cultura de los dos primeros tercios del siglo XX. Mientras que los superhéroes americanos han dejado de lado, arrinconados, a los héroes locales e incluso a mitos de papel de la envergadura Flash Gordon, Tarzan, etc.

Ahora, tras la decadencia de aquellos personajes y aquellas publicaciones, los cómic books de superhéroes básicamente los de Marvel, DC Comics, Dark Horse, Top Cow, Image y algunos más se han hecho dueños de los mercados internacionales y han impuesto una medida única a la cultura de masas de todos los países. Hoy, los protagonistas de ese cómic popular, Superman o Spiderman, Batman o los X-Men, se publican al mismo tiempo, tras su primera edición norteamericana, en todo el mundo.

Historia del CÓMIC

INTRODUCCIÓN

El cómic o historieta es considerado un producto cultural de la modernidad industrial y política occidental que surgió en paralelo a la evolución de la prensa como primer medio de comunicación de masas. Pero su punto de partida se encuentra entre la aparición de la imprenta, en 1446, y de la litografía, en 1789.

Hacia finales del siglo XIX tanto en Europa como en Estados Unidos, los periódicos recurrían a diferentes incentivos con el fin de atraer el mayor número de lectores y, por consiguiente, controlar el mercado.

La modernización de los sistemas de impresión en Estados Unidos permitió que a partir de 1893 se incluyera una página en color en los suplementos dominicales. Las series germinales fueron Hogan’s Alley (1895) de Outcault, protagonizada por The Yellow KidThe Katzenjammer Kids (1897) de Rudolph Dirks, y Happy Hooligan (1899) de Frederick Burr Opper. Fueron éstas las que sentaron las bases del cómic actual, con las secuencias de imágenes consecutivas para articular un relato, la permanencia de uno o más personajes a lo largo de la serie y la integración del texto en la imagen, con los globos de dialogo.

Es bien sabido que los grandes malvados no pueden matar poco, no han de ser viles raterillos a los que se les escapa una bala y liquidan al transeúnte de turno, para eso ya está la policía y no merece la pena hacer un cómic de policías en el mundo de los superhéroes.

Otros que tampoco acaban triunfando en el inconsciente colectivo son los que utilizan una maldad sin límites al estilo de Galactus, que se merienda planetas enteros sin tener ningún tipo de remordimientos, esto los hace inhumanos, y de difícil aceptación para el lector que nunca llegará a creer tanta maldad.

Las grandes editoriales de cómics de superhéroes siempre lo han tenido claro, el mal ha de tener cara de nazi, ha de lucir su simbología y predicar su credo de totalitaria dominación haría del mundo, esto le hará más creíble y a la vez también mucho más temible.

Sin lugar a dudas, durante la Segunda Guerra Mundial estos personajes jugaron no sólo el importante papel propagandístico que comentaba antes, sino también una intrínseca empatía con quien leía el capítulo de la semana, lo que llevó a los editores a sacarle aún mayor tajada al asunto una vez acabada la guerra, de manera que los enemigos del pueblo americano no eran solamente los malvados comunistas sino el enemigo nazi.

Hogan’s Alley (1895) de Outcault, protagonizada por The Yellow Kid

The Katzenjammer Kids (1897) de Rudolph Dirks,

Happy Hooligan (1899) de Frederick Burr Opper.