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El cine como ideología.

El «Manifiesto de las siete artes» de Ricciotto Canudo fue un ensayo lanzado en el año de 1911. Lo que nos explica este periodista italiano es la unión de los dos artes y sus cuatro complementarias en un círculo que se cierra en el cinematógrafo. El arte está en el movimiento.

Ricciotto Canudo 1911

“Finalmente, el «círculo en movimiento» de la estética se cierra hoy triunfalmente en esta fusión total de las artes que se llama «Cinematógrafo». Si tomamos a la elipsis como imagen perfecta de la vida, o sea, del movimiento — del movimiento de nuestra esfera achatada por los polos —, y la proyectamos sobre el plano horizontal del papel, el arte, todo el arte, aparece claramente ante nosotros.

Ricciotto Canudo (1911).

Lo que se puede leer de este ensayo es la manera tan precisa y armónica en la que todo encaja: La arquitectura nace de la necesidad humana de protegerse y esta es al espacio, así como la música es al tiempo, la organización de los ritmos que rigen la naturaleza.

Ricciotto Canudo (1911) habla con arte del arte, habla del “Olvido estético”; esto quiere decir, llegar a un disfrute de la vida superior a la vida misma, de una personalidad múltiple que cada uno puede crearse al margen y por encima de la propia.

Lo que se percibe con el ensayo de Canudo es entusiasmo ante uno de los grandes inventos del siglo XIX. Se siente como una carta de amor, algo paradójicamente poético. El texto invita a ver el cine -y a las otras artes- como entes que se entrelazan en nuestras vidas, algo que nos beneficia, que nos deja descubrir nuestros valores, carencias y virtudes: El cine como algo más allá del arte, algo con lo que se pueda trazar un camino ideológico, que pueda contestar esas preguntas que siempre se han querido contestar.

De 1911, se dará un enorme salto hacia el año 1997, en el que un autor, oriundo de Detroit, Michigan, Estados Unidos, exponía ideas fascinantes sobre el cine. A pesar de que Robert McKee escribió El guion story para, evidentemente, dar formas sobre cómo escribir un guion, este autor remarca una base para ver al cine como algo más que arte, entretenimiento o una industria.

Robert Mckee

De acuerdo con Mckee (2018, pp. 28) la humanidad siempre ha buscado responder la pregunta de Aristóteles (¿Cómo debería dirigir el ser humano su vida?) con las cuatro sabidurías: Filosofía, pero ¿Quién que no tenga que aprobar un examen lee a Marx o a Hegel?; Ciencia, pero actualmente este pilar dejó de ser aquel que daba explicaciones para tergiversar la vida con complejidad y perplejidad; Política, pero ¿Quién es capaz de escuchar a los sociólogos o políticos sin cinismo?; Religión, pero esta se ha vuelto un conjunto de rituales vacíos y que enmascara a la  historia con hipocresía. Por consiguiente, al perder la fe en estas cuatro ideologías, el publico se dirige ante una última que todavía tiene credibilidad: El arte de contar historias.

Es evidente que en las historias que se cuentan en las películas, programas de televisión, contenido multimedia en la red, en los libros, incluso en los periódicos con las noticias diarias, encontramos sucesos con pautas, con un orden dentro del caos mismo, y con metáforas coherentes intimas para la vida. Esto, para el ser humano es benéfico, sacia sus ganas por conocer las respuestas de la vida, observa un camino lleno de formas y no de fórmulas que enriquece su intelecto y a la vez, su experiencia.

Esto podría leerse como pretencioso, incluso como algo ridículo, ¿Cómo es que pueda haber personas que rijan su vida ante un entretenimiento el cual tiene por detrás movimientos mercantiles e industriales? Pues, aunque las cuatro sabidurías que comenta Mckee también tienen procesos mercantiles e industriales por detrás (cada uno a su manera), es cierto que el cine tiene la virtud de entretener, pero ¿Eso tienen algo de malo? La palabra entretenimiento tiene siempre un concepto mal definido que siempre se transmite de persona a persona; el entretenimiento es aquel vocablo que entra en esa extensa lista de palabras que se entienden mal entre los participantes de la sociedad.

Por lo regular, entretenimiento siempre se relaciona con acciones o actividades que, en lugar de enriquecer los valores y capacidades cerebrales de un individuo, lo desdeñan, haciéndolo caer en situaciones ficticias triviales o banales. Es un estigma que se ha creado a lo largo del tiempo.

De acuerdo con Robert Mckee (2018, pp. 28) el entretenerse es sumergirse en la narración de una historia con el objetivo de alcanzar un nivel, tanto intelectual, como emocional satisfactorio. Y cuando hablamos de películas, el entretenerse implica iniciar un ritual: Mantenerse en frente de una pantalla (dentro de un salón a obscuras) con total atención a la historia que se está contando, a su vez dándole significado al guion y durante este proceso, experimentar el ascenso de emociones intensas, dolorosas y satisfactorias, profundizando aun más en ese significado y así hasta el final de todo este viaje de emociones, que resultará satisfactorio.

Para los creadores y artistas el objetivo tiene que ser entregar obras cargadas de significado afectivo. Decir que en el cine las obras de ficción están ahí para que el ser humano, o la sociedad escapen de “esta cruel realidad” es un error, es un abandono cobarde de la responsabilidad que tienen los mencionados artistas.

“Las historias no son una huida de la realidad, sino que son un vehículo que nos trasporta en nuestra búsqueda de la realidad, nuestro mejor aliado para dar sentido a la anarquía de la existencia.”

Robert Mckee 2018